domingo, 1 de noviembre de 2015

Cuento Corto: Tercero en discordia


Tercero en discordia:
Cuando nos conocimos yo venía de estar un tiempo solo. No estaba, podría decirse, muy predispuesto a encarar una relación, pero poco a poco, nacían en mí esas ganas perdidas. Finalmente quedó claro, era el momento y por fortuna, ella también quiso. 
Momentos hermosos de felicidad comenzaron, pero había algo más. Como la letra chica de un contrato, había clausulas en esta relación de las que no me había percatado, y poco a poco comenzaron a manifestarse, algo que estaba implícitamente planteado, pero que no pude o quise  ver.
Había otro, y siempre había estado. Reconozco que me sorprendió, pero aun así no podía juzgarla ¿Sería un pacato por perturbarme? ¿de mente cerrada?, ¿Yo, en una relación de tres?
Por parte de ella no había mediado engaño, ni ocultamiento, ¿Qué reproche cabía? Las cosas eran así: o me apartaba; o aceptaba las reglas de esta relación, cosa que hice.
Al principio las cosas fueron bien, era feliz, me adaptaba a algo nuevo, quizás era más común de lo que imaginaba y no tenía ni por qué azorarme, o darle vueltas al asunto. Me sentía bien, y no soy de los que prefieren llevarse por la opinión de los demás, que casi siempre está demás.
El tiempo no dijo lo mismo, los roces aparecieron, no es fácil acordar de a dos, y menos de a tres,  cuando el disentir te enfrenta y excluye en inferioridad numérica. Más que copiloto de ruta, comencé a ser un polizón en el recorrido.
Ciertamente a él nunca le caí bien, por más que él ya tenía experiencia a este tipo de relaciones, siempre fue notorio su rechazo, lo único que rescato fue su coherencia, siempre enfrentado. No había forma de caerle bien, de coexistir, pero esto era como el clima, parte del paisaje.
Por ella, trate de acompasar, de entender las demandas, de reinventarme, pero nada parecía ser suficiente. Si bien éramos tres, ellos eran unidad, y él tenía una increíble facilidad para torcer el sentido de mis palabras y gestos de amabilidad en ruines, bajos, negativos. Más atento intentaba ser, más villano me veía.
Busqué ayuda y criterio por todos lares, cursos acelerados de psicología, relaciones psicopáticas, toxicas, relación víctima y victimario, empezando a evidenciarse que no podía justificar todo en él; eran ambos.
 En última instancia, mi persona ya no era parte de relación, sino la idea que tenían de mí, un personaje nefasto, una ilusión, una pertenencia en apariencia.
Fue entonces tanto el desamor. Fui tan tergiversado y juzgado. ¿Cuántos reveses se puede soportar hasta finalmente abrir los ojos?
Un día sucedió lo evidente, no podíamos seguir juntos y era yo el que sobraba. Así fue que concluyó: yo seguí por mi lado, y ella se quedó con él, su verdadera media naranja, su Ego, a quien sí parece saber amar.
Manuel Carral.-

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